El espacio de la Memoria permanece atrapado en los rincones de nuestro silencio, de nuestra soledad, sin que el olvido pueda desdibujar para siempre los recuerdos que, de manera inexplicable, perduran aferrados en sus calles, en sus casas, en sus aromas, en sus escondites, en sus miradas, en sus vacíos... y, en ocasiones, en la nada... Bárbara Palomares Sánchez.

IMAGEN DE LA SEMANA

IMAGEN DE LA SEMANA
La ciudad de Vancouver (Canadá) en 1917.

sábado, 9 de febrero de 2013

CAUSA O CAUSAS DEL “MOVIMIENTO MIGRATORIO” EN EL PATRIMONIO CULTURAL.


                En este año y medio que llevamos publicando post en esta sección sobre Patrimonio Emigrado, hemos analizado el proceso por el cual, muchos de los monumentos, que hoy contemplamos en nuestras ciudades o expuestos en los museos más relevantes del mundo, iniciaron un viaje desde su lugar de origen hasta su actual ubicación, desde templos egipcios que hoy pueden verse en diferentes ciudades del mundo, los frisos de Partenón, antiguos puentes… y multitud de piezas que el expolio y mercado del arte hicieron, y aun hacen, que el patrimonio inicie viajes hacia lugares muy diversos a aquellos para los que fueron concebidos. Eso genera un importante cambio tanto en el lugar de origen, en el lugar de recepción como en el propio objeto, mueble y “pseudoinmueble” (denomino “pseudoinmueble” ya que, en teoría un templo, un monasterio, un puente…, suele ser patrimonio inmueble…, pero hemos visto como también puede desplazarse).

                Todos estos pequeños o grandes desplazamientos del Patrimonio Cultural en realidad generan un “movimiento migratorio” similar al que realizan las personas y, al igual que las personas, el “movimiento migratorio” del patrimonio cultural tiene unas causas y unas consecuencias sobre las cuales me gustaría reflexionar en este post para, a partir de ahora, cuando analicemos los traslados que parte del patrimonio cultural ha experimentado o experimenta, tengamos en cuenta estas “pequeñas reflexiones” que nos podrán situar, contextualizar y, permitirnos comprender el “viaje del patrimonio”.

Monasterio de Sacramenia a su llegada a Miami.


                Los “movimientos migratorios” en el ámbito cultural han existido siempre aunque, es en el siglo XIX, con el movimiento romántico y, con la toma de conciencia sobre el valor del patrimonio cultural, cuando comienzan a desarrollarse una serie de campañas arqueológicas con el fin de descubrir e investigar las raíces y la identidad de las naciones.

                Los principales países que llevarán a cabo estas campañas arqueológicas fueron Inglaterra, Francia y Alemania quienes tuvieron como objetivo los países del norte de África, principalmente Egipto, o el mediterráneo: Italia, Grecia, España…

                Estas campañas, en las que se comenzaba a poner en práctica las diferentes metodologías de excavación arqueológica, sin una base científica en la primera mitad del XIX, tuvieron como finalidad, como apuntábamos, la investigación y el descubrimiento del origen o la raíz de las naciones, propio del siglo XIX, el siglo de las unificaciones y de la conformación de los nacionalismo y, también mezclado por ese ambiente romántico que revalorizaba aquellas culturas exóticas y del medioevo.

Traslado de los Templos de Abu Simbel


                En los primeros post de esta sección hablábamos de las campañas de Napoleón en Egipto y el descubrimiento de la piedra Roseta y la disputa que enfrentó a franceses e ingleses por su posesión, finalmente victoriosos los ingleses se hicieron con la piedra que permitió descifrar la escritura jeroglífica del antiguo Egipto y, la cual, se puede contemplar en el Museo Británico.

                El afán por el conocimiento y, la vanagloria que éste conllevaba para las Naciones que invertían en estas campañas arqueológicas gracias a sus descubrimientos, fue el principal motivo de desempeñar estas prácticas en los países bañados por el mediterráneo. Pero para llevar a cabo estas excavaciones necesitaban el beneplácito de los Gobiernos de los países de origen los cuales, en algunos casos por desconocimiento del valor real de los hallazgos, en otros casos por razones económicas o de interés militares…, se permitió que, numerosas piezas patrimonio cultural, tanto muebles como inmuebles, salieran del territorio de origen en busca de nuevos emplazamientos; países de acogida que veían en estos tesoros un icono de su poder como potencia, como Estado o como Nación y de superioridad con respecto a sus “contrincantes” en esa “carrera” por el descubrimiento y el conocimiento.

Llegada del Guernica a Madrid


                Museos como el Louvre en París, el Británico en Londres o el de Pérgamo en Berlín, son claros ejemplos de este primer “movimiento migratorio” del patrimonio cultural. La exposición pública de la supremacía de un país.

                En esos momentos la cuestión sobre la pertenencia a un lugar, la identidad o pérdida de identidad por parte de la Nación “saqueada” no era algo que se planteara ni por los países “dominantes” ni por los países “dominados”.

                Pero si, avanzado el siglo XIX, se comenzó a despertar la inquietud sobre aquellas “viejas piezas rotas” y enterradas en el subsuelo o sobre aquellos derruidos edificios. Se sabía que todo aquel “patrimonio roto” tenía valor y mucho…, comenzando a crearse el conocido mercado negro del arte o el tráfico ilícito del patrimonio, se iniciaba una segunda etapa en el “movimiento migratorio” del patrimonio, las “migraciones legales” y las “migraciones ilegales” que tantos problemas ocasionan pero que mueven cantidades ingentes de dinero, siendo el tercer mercado ilícito que más dinero mueve, después del narcotráfico de drogas y las armas.

Puente de Londres actualmente en USA.


                Por tanto, tenemos ya algunas razones por las que el patrimonio cultural migra: por razones de investigación, por motivos económicos y por prestigio o vanagloria (un tanto en sintonía con los motivos por los que las personas emigramos).

                El siglo XX, a los desplazamientos ya mencionados tenemos que sumar los intereses generados de un tráfico ilícito de obras de arte donde el principal motivo del expolio es el enriquecimiento de unos pocos que juegan, en ocasiones por desconocimiento pero en gran parte con conocimiento de causa, con museos, galerías de arte, coleccionistas, casas de subastas…, un círculo ilegal que mueve millones de dólares al año; tráfico del que hemos hablado a lo largo de este año y medio en esta sección y del que, desgraciadamente, seguiremos hablando.

                Las Brigadas internaciones de policía luchan diariamente para evitar estos casos pero, es extremadamente complicado frenar el expolio en el patrimonio, expolio que se da a pequeña y a gran escala.

                Con la Primera Guerra Civil se produjo un nuevo concepto de movimiento migratorio en el patrimonio cultural, aquel que salía de sus “casas” para emigrar a países donde pudieran estar refugiados y seguros hasta que el conflicto bélico terminara, con todo y con ello, acudimos a diario en las noticias a saqueos y expolios por parte de las milicias y de ciudadanos para, en gran medida, garantizarse un futuro ya que están perdiendo todo su patrimonio personal y ven, en estas obras de arte, la forma de poder tener un futuro tras la devastación de la guerra vendiendo o mal vendiendo esas piezas en el mercado negro del arte.

Ladrón de Azulejos de G. Dore (1862)


                Recordemos que la UNESCO nació tras la Segunda Guerra Mundial precisamente para garantizar y preservar el patrimonio cultural y la educación en conflicto bélicos.

                La sociedad mundial comienza a estar algo más concienciada con el hecho de la importancia que tiene que los objetos hallados en las excavaciones arqueológicas o los propios bienes inmuebles…, formen parte de la identidad del país de origen ya que al trasladarlos pierden parte de la identidad propia del Bien, al no contemplarse en el lugar y espacio para el que fueron creados y, también pierde identidad la propia nación; Italia ha sido uno de los países que más reclamaciones de piezas ha solicitado y, que más ha conseguido recuperar, luchando contra este mercado negro del arte de forma muy activa.

                Otros movimiento son los itinerante, aquellos pequeños desplazamientos temporales que muchas piezas de arte realizan para exposiciones temporales y, que podrían compararse con los pequeños movimientos temporales que hacemos las personas para conocer otros lugares o para asistir algún evento de forma puntual.

Llegada del Guenica al Museo del Prado (actualmente en el  Museo Reina Sofía)


                Otro motivo es por la conservación del mismo, es decir, que Bienes Culturales estén mejor conservados en determinados países con más avances e inversiones en técnicas de restauración y conservación que en sus países de origen; esta es la principal causa que el Museo Británico, por ejemplo, expone para justificar su no devolución de los mármoles del Partenón a Atenas, puede que hoy en día las circunstancias que atraviese Grecia le den la razón a los británicos, pero ¿es una justificación suficiente? Habría que analizar cada caso detenidamente…

Mármoles de Elgin en el Museo Británico.


                El primer post que publiqué en esta sección fue sobre el viaje del templo de Debod, desde su Egipto natal hasta la montaña de Príncipe Pío en Madrid y, al final planteaba una cuestión: ¿Qué pasaría si Debod regresara a Nubia? ¿Se sentiría identificado con su entorno tras casi cuarenta años residiendo fuera? Y Madrid ¿Perdería parte de su identidad al perder este templo?

Montando el Templo de Debod


                Les dejo nuevamente con esta reflexión, pensando que el patrimonio cultural también sufre los movimientos migratorios, con todas sus “cosas positivas” y sus “cosas negativas…” e invitándoles al próximo post en el que nuevamente analizaremos un “movimiento migratorio” de algún Bien Cultural…, pero hoy consideré oportuno volver a retomar esta reflexión que nunca había tratado de esta forma a lo largo de todas las publicaciones de esta sección.

Montaje del Templo de Debod

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